lunes, 25 de abril de 2011

Sobre la Ley de Violencia en los Estadios (o cómo matar a los pocos hinchas que van quedando)

Chile no es un país de hinchas. Con suerte, mucha suerte, es uno de simpatizantes. Marcelo Biesa hizo esta distinción en su famosa conferencia previa a las elecciones de la ANFP el año pasado, pero al parecer la diferencia no es fácil de entender para todos. “No son los jugadores, ni los árbitros ni los técnicos”, dijo Bielsa esa vez. “En el fútbol, los hinchas son los únicos insustituibles”. Pero este elemento básico, tan frágil y escaso en este lado de la cordillera, está seriamente amenazado por el Gobierno y su populismo de mercado.

El plan que está tratando de implementar el Miniterio del Interior, y que los medios de comunicación tratan de ambicioso, necesario, esperanzador, moderno y revolucionario, simplemente dificulta aún más el proceso de adquirir una entrada e ingresar al estadio a ver un partido de fútbol. ¿Y a partir de qué? ¿De un problema real y concreto que se vive cada fin de semana? ¿De una violencia despiadada que impide a miles de familias poder ir a apoyar a su equipo? No, no y no.

En Chile el hincha es un especimen raro. En extinción. El hincha -ese que asume y concreta el compromiso con su equipo, que va al estadio como el fiel a misa, que aunque gane o pierda no le importa una mierda- en este país es escaso. Y nadie se preocupa de él. Nadie le da facilidades para que pueda asegurar su presencia en los partidos importantes (sobre todo después de haberse bancado todo un año de partidos fomes con frío con lluvia sin gente con suplentes) ni se le consulta al momento de tomar decisiones institucionales que le afecten (como una remodelación del estadio o un cambio de localía). Es así como el hincha, el poco y raro hincha que va quedando, es maltratado, apaleado y puesto a prueba constantemente, como si no fuera suficiente sacrificio estar todos los domingos en un tablón viendo a tu equipo jugar mal otra vez.



Esto es así: la fidelidad y el fervor se perdieron. También desaparecieron de la política, de la religión y de casi todas las actividades que requieren de un costo físico y espiritual, más que monetario. Y por supuesto en el deporte -y el fútbol, específicamente-, que desde los 60s fue perdiendo tanto practicantes como fanáticos. Sino pregúntenle a Palestino, Santiago Morning, Cobresal o la U de Conce, que cada vez que juegan de local logran juntar, y a duras penas, mil personas de público. Difícil encontrar tantos casos de equipos de Primera División en el mundo que puedan existir sin hinchas. ¿Para quiénes juegan?

Aunque se quiera exponer lo contrario, la Ley no ayuda a estos pocos hinchas. Al contrario: no los distingue de los supuestos delincuentes y por lo tanto los discrimina y persigue. Quizá no sea su deber hacerlo, pero más parece otra manipulación de las SA para sumar más espectadores a un show que no existe. O, como dicen ellos, “quitarle el miedo a la familia y traerla de vuelta al estadio”. Por favor: la gente que dice tener miedo es la que no va al estadio, y es la que nunca va a ir, a menos que en el Nacional jueguen todos los finesdesemana el Barcelona contra el Real Madrid.

-Bueno, pero a eso hay que aspirar, pues. A que el espectáculo sea de primer nivel mundial -diría algún comentarista deportivo con lentes en el noticiero de un canal sensacionalista.

Pf. Y siempre es lo mismo: o lo comparan con el mejor partido del mundo o lo comparan con el cine. Que el cine está lleno siempre, que no hay flaites, que los asientos son cómodos y la comida grasienta. Pero la comparación que hay que hacer es otra: el fútbol chileno sufrirá igual que el cine chileno, ese que aun en las mejores salas (el que aun en el mejor estadio) es incapaz de llevar público y pelear un espacio con La Era del Hielo 8.

El problema, entonces, no son los estadios ni los barrabravas (a los que los políticos, los medios de comunicación y algunas celebridades como Felipe Bianchi, suelen confundir con hinchas). El problema es el chileno medio, desarraigado de cualquier causa o institución; y los clubes y autoridades, que en vez de fidelizar a la gente la ahuyentan con medidas que sólo buscan notoriedad mediática, pero que sólo se traducirán en estadios aún más vacíos en el mediano plazo y muchos más abonados al CDF. Mmm.

Pintorezco. Eso era lo único seguro al momento de jugarse un súperclásico. Pero desde este sábado, en un Estadio Nacional lleno de asientos pelados, esa pequeña certeza comenzará a desaparecer.

POR: 

Cristóbal Bley

FUENTE: panico.cl 
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lunes, 4 de abril de 2011

El gran negocio de Libia (Los cables de la embajada de EEUU en Trípoli entre 2006 y 2010 filtrados por Wikileaks muestran obsesión por los pozos de petróleo)


Pasó de paria a amigo de Occidente y acumulaba muestras públicas de amistad de los más variados mandatarios, desde Silvio Berlusconi hasta Tony Blair, pasando por José María Aznar, José Luis Rodríguez Zapatero y el rey Juan Carlos. Pero incluso durante esta luna de miel, Muamar Gadafi ponía los pelos de punta a los diplomáticos de EEUU en Trípoli, según revelan decenas de cables secretos de la embajada filtrados por Wikileaks, que muestran una auténtica obsesión por los pozos de petróleo y por las dificultades que bajo su régimen encontraban las empresas occidentales para operar en el país.
"En Libia, el negocio es la política y Gadafi controla ambos", sostenía un informe confidencial de febrero de 2009. Los cables de los diplomáticos de EEUU lamentan reiteradamente las interferencias de la familia Gadafi, que controlaba los sectores económicos más lucrativos. Pero el asunto estrella de los documentos filtrados, que generó ríos de tinta muy superiores a la preocupación por los derechos humanos, es el endurecimiento de las condiciones de la docena de compañías petroleras occidentales que operan en el país, lo que provoca un gran malestar en la embajada.
Libia es el primer país africano en reservas de petróleo, con 46.000 millones de barriles estimados, el doble que EEUU. En 2010, alcanzó los 1,8 millones por día, procedentes en un 80% de la zona de Sirte y cuya venta supuso el 95% de los ingresos del Estado. Los principales clientes son Italia (28%), Francia (15%), China (11%), Alemania (10%) y España (10%).
Crudo fácil de extraer
El petróleo libio no sólo es abundante, sino de gran calidad y fácil de extraer, lo que lo hace especialmente rentable: en algunas zonas, el coste de extracción es de apenas un dólar el barril. Cuando entre 2003 y 2004, Naciones Unidas y EEUU levantaron las sanciones, tras la renuncia del régimen a la producción de armas de destrucción masiva, las grandes petroleras occidentales volvieron masivamente al país.
Las compañías internacionales que dominan el mercado libio son Eni, Repsol YPF y el consorcio estadounidense Oasis, que integra en Libia a CoconoPhillips, Marathon Oil y Ameranda Hess. Pero está también sólidamente instalada PetroCanadá, TNK y Gaz-prom (Rusia), Total (Francia), Saga Petroleum (Noruega), Wintershall y RWE (Alemania), OMV (Austria), BP (Reino Unido), Occidental, Halliburton, Exxon (EEUU) Chevron se marchó en 2010 porque sus exploraciones no daban resultados, Woodside (Australia) y Japan Exploration Company, entre otros.
Indignación
La Embajada de EEUU siguió con lupa las condiciones del sector y reflejó su creciente indignación en los cables que enviaba a Washington. A partir de 2006, el régimen libio inició una ronda de contactos con las multinacionales para extender las licencias y endurecer sus condiciones exigía ampliar la cuota de beneficios que corresponde al Estado y el pago de un bonus millonario adicional, entre otras novedades, pese a que los contratos se habían firmado hacía apenas tres años y que faltaba mucho para que expiraran, lo que provocó gran malestar a la Embajada. Y cuando la mayoría de petroleras aceptaban y firmaban, los funcionarios estadounidenses no ocultaban su indignación.
La alarma se enciende para EEUU a finales de 2007, cuando Eni aceptó las nuevas condiciones y firmó: "Pese a que Eni lo vende como un éxito, el acuerdo conlleva aspectos negativos y puede facilitar el camino para que se impongan exigencias similares a otras concesionarias de petróleo y gas extranjeros", lamenta un cable del 26 de octubre. Y añade: "El resultado es que Libia se queda con una parte mayor del petróleo producido y en las cuentas de Eni constarán menos reservas".
En cables posteriores, los diplomáticos de EEUU ahondan su preocupación: "Ejecutivos de empresas occidentales han mostrado reservas muy serias. Un ejecutivo dice que el acuerdo asusta y hay una preocupación generalizada de que ahora buscarán acuerdos similares con el resto". Y más: "La creciente avaricia de la NOC [empresa pública petrolera de Libia] puede hacer disminuir el interés de los principales operadores en Libia."
Las petroleras van firmando las nuevas condiciones, pero ello no aplaca el malestar de la Embajada de EEUU, que en noviembre de 2007 redacta otro informe: "Libia es un lugar excepcionalmente difícil para las petroleras internacionales, que tienen que afrontar numerosos y bizantinos problemas y sus márgenes de beneficios son comparativamente menores. La situación empeorará en los próximos años porque el Gobierno busca concesiones adicionales para maximizar los beneficios".
Cuando en junio de 2008 PetroCanadá firma un nuevo contrato que según la embajada de EEUU supone un espaldarazo a "los esfuerzos libios para imponer términos más duros a las petroleras extranjeras", los diplomáticos de EEUU muestran ya resignación: "Ante los altos precios del petróleo y las limitadas posibilidades para nuevas exploraciones y producción, las petroleras tragan y firman".
La única alegría se la da Chevron, que en julio de ese año explica su intención de dejar el país porque no encuentra yacimientos en la zona asignada. El funcionario lo registra así: "Son pesimistas ante las perspectivas negativas de encontrar algo. Además, son contrarios a esta mentalidad de subasta [del Gobierno libio] y reticentes a acceder a los términos draconianos que exige la NOC".
En enero de 2009, la Embajada apunta directamente al jefe del NOC, Shukri Ghanem, y monta varias reuniones con ejecutivos del sector que lo critican. Según los informes de la Embajada, entre los ejecutivos occidentales hay un "extendido malestar" contra él por su "falta de experiencia técnica" y por su "reticencia a reunirse con los ejecutivos de las petroleras extranjeras".
"Su enfoque y estilo han alienado a las petroleras extranjeras y daña la cooperación potencial. Otros ejecutivos nos cuentan que en determinados aspectos es un regreso al estilo de la década de 1970, cuando se veía a las compañías extranjeras desde una lente nacionalista que las consideraba entidades depredadoras", añade el informe. Y concluye: "El 95% de la economía depende del petróleo. El hecho de que el NOC esté en manos de un individuo autócrata mal visto por sus subordinados y por los profesionales internacionales del petróleo no augura nada bueno en el objetivo libio de incrementar la producción de 1,7 barriles por día a los 3 millones".
Poco después, el Gobierno libio convocó a las petroleras para pedirles que contribuyeran a un fondo "voluntario" que le permitiría compensar las indemnizaciones por acciones terroristas del pasado. "Hay malestar. Se les dice que tendrán mejor trato si hacen contribuciones "voluntarias". Tras la reunión, los mánagers se muestran firmes en no pagar, pero hay el rumor de que Gazprom y pequeñas firmas ya han contribuido".
Ola de privatizaciones
Este malestar se extiende a todos los nichos de negocio que van apareciendo al son de la ola privatizadora emprendida por el régimen. Los cables de la Embajada tratan sistemáticamente de enfriar el interés de las empresas de EEUU que quieren invertir en Libia.
Cuando el gigante Bechtel renuncia a construir un puerto comercial en Sirte que tenía apalabrado, la embajada lo eleva a categoría: "El fracaso de Bechtel muestra cómo se toman las decisiones ante las inversiones extranjeras importantes. Tras un año de esfuerzo y pese al desembolso de un millón de dólares, a numerosas visitas de alto nivel y a supuestos compromisos formales del Gobierno, ha sido imposible. El hecho de que un operador con los conocimientos y la potencia económica de Bechtel no lo logre debería servir como lección para la gran cantidad de empresas occidentales que quieren entrar en el floreciente mercado libio."
La Embajada también enfría el entusiasmo levantado por el ambicioso plan de privatizaciones puesto en marcha por Gadafi. En un cable de noviembre de 2009, advierte de que el Gobierno libio exige que los nuevos propietarios privados mantengan los puestos de trabajo: "Esto a menudo hace que sea poco atractivo para un inversor extranjero, en la medida en que la productividad de las empresas públicas libias es infame y tienen exceso de personal como consecuencia de las generosas leyes laborales libias".
Por los cables desfilan todo tipo de negocios, algunos patrocinados o bendecidos por gobiernos: manejos de Italia para que la empresa Sipsa gane un contrato para destruir químicos, el intento infructuoso de la empresa británica York Guns de colocar 130.000 rifles automáticos que los diplomáticos sospechan que acabarán en Chad o Sudán, operación vetada por el Gobierno británico que acabará asumiendo sin problema la rumana NFI, la mediación de un diplomático español en nombre de Espidesa (Técnicas Reunidas), que buscaba el visto bueno de EEUU para construir una fábrica de ácido nítrico, o las sugerencias de Tony Blair para que Libia invierta en Sierra Leona y Ruanda, países que el ex primer ministro británico dice que son prioritarios para su organización caritativa.
Los diplomáticos de EEUU describen también la tirantez entre las autoridades libias y francesas: subrayan la feroz oposición de Gadafi al proyecto de Unión Euromediteránea y los comentarios "sarcásticos" del mandatario libio sobre Sarkozy. Y, en sentido inverso, auguran un acercamiento a España tras la visita del rey a Trípoli, en 2009: "Entendiendo que en Libia el negocio es la política y que Gadafi controla ambos, España probablemente se beneficiará de la cálida relación entre Gadafi y el rey".
Aznar abrió el camino en 2003
José María Aznar fue uno de los dirigentes clave que facilitó la reinserción internacional del régimen de Muamar Gadafi y la expansión de empresas occidentales en Libia. En septiembre de 2003, el entonces presidente del Gobierno español fue el primer mandatario occidental en entrevistarse con Gadafi en Trípoli tras el levantamiento de las sanciones.
Pacto nuclear con Francia, Rusia y Estados Unidos
Gadafi buscó acuerdos simultáneos con Francia, EEUU y Rusia para iniciar un programa nuclear civil. Todos mostraron predisposición, pero ninguno pasó de las buenas palabras. El primer paso se dio durante la visita de Nicolas Sarkozy a Trípoli en julio de 2007, cuando ambos países suscribieron un memorando para cooperar en "las aplicaciones pacíficas de la energía nuclear".
La Embajada de EEUU consideró el pacto como "vago programa de cooperación que no compromete a nada". En abril de 2008, durante una visita de Vladímir Putin y "ante la insistencia libia" -subraya un cable filtrado-, Trípoli firmó otro memorando de cooperación nuclear igualmente vago. Y, en mayo de 2008, la Embajada da cuenta de que un alto cargo sondeó a EEUU con el mismo fin y tampoco en esta vía hubo avances.



Fuente: http://www.publico.es/internacional/369371/el-gran-negocio-de-libia
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sábado, 2 de abril de 2011

Mi historia con la Universidad de Chile. ( Por Antonio Skarmeta)


Mi historia con la Universidad de Chile


Hola. Soy hincha de la Universidad de Chile. La "U". "El Chuncho". Como todas las enfermedades crónicas empezó de la manera más inofensiva.

Nací en Antofagasta, al norte de mi país y, para donde mirara, tenía el límpido cielo del desierto y el infinito del mar. Azul hasta saciarse. Para navegar y volar. Camino a la plaza del pueblo había un quiosco de revistas. Allí vendían Estadio. En la portada, un amable futbolista posaba con el balón a sus pies. Se llamaba Braulio Musso. Tenía una quijada prominente, parecida a la de mis tíos dálmatas. Su casaquilla era azul. El equipo había ganado un partido esa semana y la insignia del club, un "Chuncho", que en Chile es una suerte de búho o lechuza, parecía guiñarme un ojo. Le guiñé de vuelta, y en las pichangas de tierra y sol que siguieron a ese hallazgo, proclamé a los chicos de la escuela que sería de la "U" y que mi ídolo era Braulio Musso. Comenzaban los cincuenta. Cuando los otros muchachos, fanáticos del Colo-Colo, me despreciaron lanzándome coscorrones a mi entonces nutrida melena, miré al cielo y al mar y me nutrí de ese coraje.

Azul. Azurro. Un par de veces después, por lo tanto, sería indirectamente campeón mundial con el team de Italia.

¿Asociaciones líricas? Es la libertad del poeta. Miren la frase de Kandinsky que puse como epígrafe de mi novela El baile de la victoria:

Mientras más profundo es el azul, más convoca a los hombres hacia el infinito, más despierta en ellos el ansia hacia la pureza y lo intangible.

Luego fui a estudiar la secundaria a Santiago. Los ídolos de papel de la revista Estadio jugaban a metros de mi casa. Seguí la campaña de mi equipo con el estoicismo y la ridícula esperanza que todos los chilenos tenemos en nuestro fútbol. Inútil empeño, como el de Sísifo, poner nuestras ilusiones en algo para lo cual no tenemos genio.

Siempre nos abrumaban los brasileros, argentinos y uruguayos, y nuestra mayor emoción la conseguíamos si llegábamos cuartos ganándole a Paraguay. Hoy, lo normal es que Chile sea un simpático colista en casi todas las eliminatorias. Nos pasó la rasuradora. México, Colombia, Ecuador y, a ratos también Perú y Bolivia nos someten a escarnio.

Pero la "U" era especial. Sentí que era parte de mi alma y que yo debía insuflarle domingo a domingo mi aliento en las graderías. Mojado por las lluvias invernales, sin haber almorzado, alentaba a los bravos azules en partidos desesperados ante árbitros parciales que nos hacían hervir la sangre cuando cobraban penales en nuestra contra.

Decidí transformarme en un hincha orgánico e ingresé a la barra oficial de la "U". Una vez a la semana íbamos a ensayar cánticos, agitar plumeros y banderolas, y nos poníamos gorritos azules con una gran "U" roja al centro. Cuando nuestro equipo tenía compromisos en provincia, pagábamos cuotas para alquilar un bus maloliente con tubo de escape perforado por los caminos rurales y las pedradas de los hinchas de los cuadros rivales.

Alguna vez volvíamos derrotados del puerto de Valparaíso y al llegar de madrugada a Santiago, nuestro último consuelo era calmar el cansancio y la frustración del "cero" en el marcador sobre los muslos de la única hincha fémina que nos acompañaba y que nos repartía besos con lengua con mucha más prodigalidad que goles nuestra delantera.

De pronto, años de frustraciones culminaron en un milagro. Un cierto entrenador Álamos, no por nada apodado 'el Zorro', conformó en 1959 un equipo que obtuvo el campeonato. Fue el año en que empecé a escribir sistemáticamente, y el escritor Armando Cassígoli publicó mi primer cuento en una antología que se llamaba Cuentistas de la Universidad. Comenzaba oficialmente mi vida de plumario. Se rompía el cascarón. Como todos los diciembres, mi padre me pidió que hiciera un balance del año: "Extraordinario, papá —respondí— , publiqué mi primer cuento y la 'U' salió campeón".

Comenzaba nuestro mutuo Siglo de Oro. Con un libro arrebatadamente juvenil llamado Desnudo el tejado obtenía, gracias a cuentos que incluían mi pasión por el deporte, el Premio Casa de las Américas y la "U" se seguía superando y aportó la mayoría de los jugadores al seleccionado nacional que en el Mundial de 1962, jugado en Chile, nos ubicó en el tercer puesto detrás de Brasil y Checoslovaquia.

Se consolidaban nuestros astros. El equipo de la "U" pasó a ser bautizado como "El Ballet Azul": tan armónicos eran sus desplazamientos y tan frecuentes los "bailes" que les dábamos a nuestros rivales.

Yo seguía ligando mi destino literario al futbolístico de mi club. Frente a la máquina de escribir sentía el mismo torbellino que en las graderías de los estadios. Un día de iluminación mística —que me transportó vía expreso a casa para escribir mi primera novela, Las celebraciones (jamás publicada por razones extravagantes a este tema)— fue aquel cuando la "U" derrotó en el Estadio Nacional al Santos con Pelé incluido.

Mirando las maravillas que hizo en la "U" nuestro delantero Rubén Marcos, apodado sin hipérboles 'el Siete Pulmones', venciendo mi timidez le grité a nuestra barra mi pregunta extasiada: "¿Cuál es Pelé: el 8 azul o el de Santos?"

Años más tarde, escribiría mi primera novela: Soñé que la nieve ardía. Un joven talento provinciano del sur de Chile, Osorno, venía a la capital para triunfar como futbolista en alguno de los clubes grandes. El modelo era por cierto el Siete Pulmones.

En tanto, otras estrellas de la "U" se destacaban no solo en el balompié. En el partido por el Mundial del 62 entre Chile e Italia, nuestro zurdo Leonel Sánchez noqueó al delantero italiano David de un puñetazo tan certero que medio Chile quedó convencido de que quizás el puntero podría tener doble militancia en algún ring. Su puñetazo adquirió dimensiones épicas, pues la televisión acababa de entrar en Chile y lo vio todo el mundo. Lamentablemente también los italianos, quienes bautizaron a nuestro Leonel como 'Leonello'. Puesto que el partido se jugaba en Santiago con Chile como local, el árbitro tuvo la oportuna idea de estar mirando para otro lado. El recio Leonello está en el recuerdo de los italianos cincuentones en un miniranking internacional junto a Cassius Clay.

La jugada favorita del "Ballet Azul" era la siguiente: veloz desplazamiento por la banda izquierda de Leonel Sánchez hasta el banderín del córner, centro elevado, y salto angelical del grandote centrodelantero Carlos Campos, quien con su cabeza implacable hundía la pelota en la red.

Se decía que Carlos Campos jugaba a "la europea", esto es, se desprendía del balón en cuanto le caía en los pies. Pero la verdad era que no intentaba fintas de ningún tipo, pues carecía de toda malicia y técnica. Siempre le entregaba la responsabilidad a otro compañero de continuar el ataque mientras él corría tan rápido como le permitía su volumen de basquetbolista hasta el área chica a esperar el pase que le permitiera perforar la red. Era monótono en su falta de dribbling y en su oportunismo. Tanto así que pensé en un Diccionario del Diablo a la Ambroise Bierce: "Carlos Campos, delantero de fútbol de la Universidad de Chile, a quien Leonel Sánchez le pega pelotazos en la cabeza".

Pero,¡total!, en las tribunas nosotros queríamos la electricidad del seco gol y no nos importaba que nuestro team careciera de sutilezas "a la carioca". El asunto cambió radicalmente cuando en la "U" apareció el "divino" Marcelo Salas. Era tan excepcional su talento que fue bautizado como 'el Matador' en Chile. Luego brindó sus servicios para llevar a la gloria a River Plate en Argentina, y la Lazio y la Juventus en Italia. Jamás en Chile se habían pagado tantos millones de dólares por el pase de un jugador y las arcas de la "U" se llenaron.

Pero desprovista de su crack mi "oncena" se fue desnutriendo hasta sucumbir a una situación que este año de Dios del 2007 eufemísticamente debiéramos llamar melancólica: hoy tiene más deudas que puntos, se halla más cerca de la cola que de la cabeza y son más aguerridos los hinchas anarquistas en la tribunas que los modestos players, que sin estrategas ni conductores hacen bostezar a los locutores. Salas está de vuelta, pero paga el precio de la gloria: lesiones rebeldes, kilos de más y goles de menos.

Lejanos están los años en que una revista escribía de él:.

José Marcelo Salas Melinao es un iluminado. El ángel que lo acompaña por los senderos de la vida lo guía para que la carga sea más fácil de llevar. Muchos auguran que como nació en Nochebuena, hay una estrella que se preocupa por él. Su horizonte se pierde en un infinito invisible, dando a entender que hay Salas para rato.

Cuando leí por primera vez ese párrafo me asomaron lágrimas de felicidad a los ojos. Hoy que lo releo desde el pozo, las lágrimas otrora solo asomadas ruedan muchas y azules por mis mejillas.

Lo que no impide que el "chuncho" sigue aleteando en mi corazón.

Hasta la vista.
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